Va a ser verdad eso de que siempre se van los mejores. La pasada madrugada, una parada cardiorrespiratoria se llevó a Javier Ortiz, periodista del diario Público. Puedo contar con los dedos de la mano (y me sobran) los columnistas que, a lo largo del tiempo, se han ganado mi confianza. Javier Ortiz era uno de ellos. Era un pequeño oasis en el desierto del pensamiento único, una pluma independiente, mordaz y crítica, siempre dispuesta a meter el dedo en la llaga. En definitiva, una especie en peligro de extinción en el mundo de los mass media, que día a día me recordaba, a través de sus artículos, que el oficio de periodista honrado existe. De mayor quiero ser como tú.

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