Más de lo mismo, pero más bonito. Así se puede resumir la cumbre del G-20 celebrada en Londres. Los principales líderes políticos de los países ricos nos dicen que a partir de ahora serán buenos chicos, vigilarán más a los banqueros y grandes empresarios para que también lo sean y así el mundo podrá disfrutar de un capitalismo sostenible (!). Es decir, que han decidido -como era previsible- que lo mejor es darle una capita de pintura a un sistema en ruinas, ignorando a todo aquel que yace bajo sus escombros. Parece que lo importante es únicamente tapar las grietas que se han hecho tan visibles con la crisis, sin afrontar las causas que las han producido.
En realidad, el capitalismo no está en ruinas; el capitalismo funciona perfectamente, porque consiste en eso, en hacer harina con la mayoría para que unos pocos puedan amasar grandes fortunas. De ahí la incongruencia de querer cuadrar el círculo con un sistema neoliberal más “justo y regulado”.
Se empeñan en reinventar un modelo que lleva décadas demostrando sus nefastas consecuencias para la mayor parte de la población mundial, recetan más OMC, más FMI y más rescates a entidades financieras a cuenta del erario público.
Al resto, nos tocará decidir si lo que queremos es reformular el capitalismo o luchar por construir un nuevo orden mundial a base de verdaderas alternativas.

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