La última de Belloch: una calle al Opus Dei

By contralapared

Lo del alcalde de mi ciudad es para mear y no echar gota. Para el que todavía no se haya enterado de su última extravagancia, le pongo al día rápidamente: resulta que  nuestro querido Belloch se puso hace unos días manos a la obra para cambiar el nombre de todas las calles de Zaragoza con nomenclaturas franquistas, para cumplir así con la Ley de Memoria Histórica. Bueno, pues el hombre se hizo una lista y en total le salieron cuarenta y tres. Y, haciendo gala de su gran talante, se comprometió a rebautizar dichas calles con cuarenta y tres nuevos nombres alcanzados por consenso, es decir, con los que todos los grupos políticos del Ayuntamiento estuviesen de acuerdo. Pero cuál fue la sorpresa al aparecer en el nuevo repertorio el nombre del fundador del Opus Dei (José María Escrivá de Balaguer). No en el anterior listado de vías a renombrar, sino en el de nombres sustitutivos. Como es lógico, IU y CHA dijeron que de qué iba y se pusieron a recoger firmas en contra. Incluso dentro del mismo PSOE hubo voces críticas con la decisión. La primera reacción de nuestro alcalde fue algo así como “Bueno, pues si no es por consenso será porque lo digo yo, y punto“. Sin embargo, poco después se achantó viendo la que se le venía encima y decidió que a la susodicha calle, hasta ahora conocida como General Sueiro (muy céntrica, por cierto), la llamaría de otra manera. Eso sí, Monseñor de Balaguer tendrá la suya. A Belloch se le ha metido en la cabeza homenajear al creador de la secta opusina y nadie le va a bajar del burro (luego que los maños tenemos fama de cabezotas) así que, en lugar de dedicarle General Sueiro, Escrivá de Balaguer estrenará una calle de reciente inauguración, que todavía no tiene nombre. Y así queda solucionado el tema este del consenso con la Ley de Memoria Histórica.

Por si cabía alguna duda, el clérigo en cuestión era un franquista de aúpa, además de un retrógado machista. Como prueba de lo primero basta con recordar las dos condecoraciones que le otorgó Franco en 1954 y 1960 por sus ejemplares servicios al régimen nacionalcatolicista o citar una de las cartas que escribió al dictador, en la que pedía “a Dios Nuestro Señor que colme a Vuestra Excelencia de toda suerte de venturas y le depare gracia abundante en el desempeño de la alta misión que tiene confiada“. Con respecto a su actitud hacia la mujer, nos dejó lindezas del estilo de: ”La mujer está llamada a llevar a la familia, a la sociedad civil, a la Iglesia, algo característico, que le es propio y que sólo ella puede dar” o “ellas no hace falta que sean sabias: basta que sean discretas“. No es de extrañar pues que la Asociación de la Memoria Histórica haya dado la voz de alarma.

Según reconoció el mismo Belloch, su empecinamiento responde a un compromiso personal adquirido con el director del colegio mayor universitario Miraflores, vinculado al Opus Dei. Vamos, que un día así hablando un poco de todo le prometió a su amigo el cura que le pondría una calle a su maestro. Como quien promete a su cuñado que le pasará un cedé con las fotos de nochebuena. Se desconoce el nivel de alcohol en sangre que llevaba ese día el alcalde pero, pese a su conocida afición por la bebida, no me parecería raro que apalabrase tal despropósito incluso en estado sobrio, teniendo en cuenta su devoción hacia los sectores ultracatolicistas. No en vano, ya se había hecho notar por negarse a quitar los cricifijos de los plenos del Ayuntamiento, participar en procesiones religiosas a título oficial u oponerse a la circulación del “bus ateo” por la capital aragonesa. Pero está claro que bendiciendo el callejero de la ciudad con el nombre de semejante personaje se ha superado a sí mismo.

El sinsentido de inmortalizar la figura del fundador del Opus Dei precisamente ahora que se está intentando acabar con los numerosos resquicios fascistas de nuestras calles es tan ridículo que merece ser tomado con humor. Y nadie lo ha retratado mejor que el gran viñetista Manel:

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