Mañana habrá pasado otro mayo cualquiera y entraremos en un junio como los de siempre. Para los estudiantes será otro mes de exámenes, como el del año pasado y el del anterior. Nada ha cambiado desde hace 40 mayos cuando un puñado de jóvenes franceses se atrevió a enfrentarse a la realidad con todas las consecuencias. Fue un mes de lucha, de rebelde esperanza, que acabó en amarga derrota. Pero su atrevimiento hace que, cuatro décadas después, se siga recordando con nostalgia aquel enérgico intento por encontrar la playa debajo de los adoquines.
A los jóvenes de hoy nos queda muy lejos en el tiempo la toma de la Sorbona, pero más aún en la conciencia. Mirando a nuestro alrededor, y también a nosotros mismos, se siente la necesidad de retomar ese espíritu del 68. Pero, a la vez, se nota la impotencia de saber que no ocurrirá.
Lo mínimo que podemos hacer es recordar que, cuarenta años atrás, miles de personas permitieron soñar con un verdadero cambio social. Y, a nosotros, siempre nos quedará ser realistas…y pedir lo imposible.
Etiquetas: Juventud, Mayo 68, Revolución